3 Razones por las que las Áreas de Adquisiciones Necesitan Preocuparse por México

El presidente Donald Trump cumplió con una de sus promesas de campaña centrales el lunes al retirarse oficialmente del Acuerdo Transpacífico (TPP). Y si bien el comercio con China, Vietnam y otros países asiáticos es sin duda una preocupación para la mayoría de los grupos de adquisiciones, nuestro vecino del sur también necesita estar en el radar durante 2017.

El abandono del TPP significa que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que Trump criticó como el peor acuerdo de comercio que los Estados Unidos firmaron alguna vez, probablemente esté a punto de enfrentarse a un serio escrutinio. A esto se suma la reciente inestabilidad en México en torno a los picos de precios de la gasolina y un arancel fronterizo propuesto, y los riesgos del abastecimiento y el manejo de proveedores de ese país aumentan significativamente.

México está en la mira de la administración Trump. Las organizaciones de adquisiciones deben estar seriamente preocupadas por las próximas medidas políticas y los riesgos relacionados – o prepararse para sufrir las consecuencias.

Reescritura de Acuerdos Comerciales

Trump sólo necesitaba el poder de su firma para sacar a los Estados Unidos del TPP. Proteger los empleos estadounidenses de trasladarse al extranjero fue el principal impulso detrás de esa decisión. Y la administración está a punto de aplicar el mismo pensamiento al TLCAN.

El secretario de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, dijo a periodistas el lunes que Trump planea mantener conversaciones con los líderes de Canadá y México sobre la modificación del TLC dentro de los próximos 30 días. La posibilidad de reformas fragmentarias está sobre la mesa, pero si los otros miembros del pacto no están dispuestos a proceder a cambios en el marco actual, Trump todavía puede decidir retirarse y “entonces tendríamos que volver a la mesa de dibujo en el futuro”.

Si bien los Estados Unidos tendrían que dar aviso con seis meses de antelación a la salida oficial del TLCAN, el proceso de traer los componentes existentes de las cadenas de suministro de regreso a EE.UU. para evitar aranceles y otras sanciones con las que Trump ha amenazado – probablemente llevaría mucho más tiempo que eso. También les costaría a las empresas mucho dinero cambiar sus bases de suministro de manera tan drástica, aumentando potencialmente los costos en el futuro – la antítesis de los objetivos habituales del área de compras.

Para obtener una imagen más clara de cómo sería el panorama al retirarse del TLCAN, todo lo que hay que hacer es pensar en hace 15 años. “Después de los ataques terroristas del 11-S, sellamos la frontera con México y Canadá, y en una semana las plantas automotrices en Michigan tuvieron que empezar a cerrar porque no tenían acceso a partes de las que dependían de México", expresó Rob Scott, director de comercio y manufactura en el Instituto de Política Económica (Foreign Policy Institute), un grupo de reflexión de izquierda en Washington, DC, en una entrevista para Vox.

Barreras Financieras

Las fronteras selladas, ya sea en respuesta a ataques terroristas o a través de un muro improbablemente financiado por México, están lejos de ser las únicas barreras por las que las áreas de adquisiciones necesitarán preocuparse. La amenaza inminente de un arancel fronterizo podría ser igualmente obstructiva.

Sobre la base de la misma agenda que está poniendo en peligro el TLCAN, Trump reunió a los CEOs de varias de las principales compañías estadounidenses en la Casa Blanca el lunes y el martes para decirles que deben trasladar sus operaciones manufactureras desde el extranjero o enfrentar un “arancel fronterizo significativo”.

La idea básica es impedir que las empresas vendan productos a los consumidores estadounidenses que, según Trump, podrían ser fabricados en Estados Unidos. La Casa Blanca contempla un impuesto general sobre las importaciones de hasta un 10%, de acuerdo con CNN, lo que complicaría seguramente el proceso de trabajo con la amplia base de proveedores en México en la que muchas compañías estadounidenses confían.

Dos industrias que deben estar vigilantes sobre cualquier desarrollo de aranceles fronterizos son la industria automotriz y los minoristas. Al considerar los modelos de costos para los vehículos nuevos, los fabricantes de automóviles se enfrentarán con una difícil elección: ¿Vale la pena pagar un fuerte impuesto en la frontera pero obtener las piezas a menor costo, o será menos costoso construir nuevas plantas en los EE.UU. y pagar los salarios que los trabajadores estadounidenses esperan?

De manera similar, cadenas como Wal-Mart tendrán que considerar si el abastecimiento de alimentos y otros bienes de consumo desde México requerirá que los compradores absorban precios más altos al momento de pasar por la caja registradora.

Echando Gasolina al Fuego

Más allá de los cambios posibles y propuestos en las relaciones comerciales de los Estados Unidos con México, hay factores que se están cocinando dentro del propio país y de los que las áreas de adquisiciones deben tomar nota

Grandes protestas, a veces violentas, se han apoderado del país desde el inicio del año, al principio como respuesta a los precios de la gasolina que aumentaron alrededor del 20% el 1 de enero. Esto fue resultado de las reformas que terminaron con el monopolio estatal de la industria energética.

“El argumento número uno para convencer al pueblo mexicano fue que el precio de la gasolina iba a bajar”, dijo el profesor de derecho John Ackerman a CNBC. La realidad en las bombas surtidoras se ha convertido en líneas de personas esperando gasolina y una situación difícil para el gobierno del país (para no mencionar al fundador de Spend Matters, Jason Busch y su familia, atrapados en un bloqueo carretero de protesta que duró varias horas a finales de diciembre, como se ve en la foto a continuación):

Dar marcha atrás a las reformas energéticas es improbable, ya que socavaría la confianza de los inversionistas en México e indicaría que la acciones en las calles son capaces de alterar drásticamente las políticas. Pero elevar los precios aún más, una opción que todavía está sobre la mesa, probablemente enfurecerá a los manifestantes aún más y pondrá al gobernante Partido Revolucionario Institucional en grave riesgo de perder el poder en 2018.

La combinación de la creciente inestabilidad política y las amenazas de la administración Trump representan una alerta con respecto a la situación financiera de México, agregando más riesgo y volatilidad que podría hacer el país menos atractivo para los grupos de adquisiciones que buscan abastecerse desde allí.

 

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