Mejora contínua, una ventaja competitiva.

Hace unos  años, conocí al Ingeniero Bruno Broca yo andaba en un seminario, como siempre, buscando nuevas formas de ver la manufactura y entender las filosofías de mejora continua y él hacía años había arrancando un taller y si, es el mismo amigo que me acompañó en una vista a un taller para ver cuál era la magia de la manufactura esbelta.

Semanas después me llamó para preguntar sobre la mejora continua y saber que debería hacer para ir creciendo ordenadamente,  me preguntó  por dónde empezar. Su taller ya tenía unos diez años; decidí ir a conocerlo para poder decirle algo, y así comenzó una consultoría que se ha desarrollado muchas veces a distancia.

Los avances en su manufactura esbelta siempre han sido constantes y eso nos mantiene buscando algo más que superar todos los días y eso, le dije a Bruno, es lo que andabas buscando,  esta es la respuesta a la mejora continua, buscar siempre oportunidades de mejorar y hacer de eso un modo de vida para la empresa.

Durante estos últimos años he apoyado y seguido el desempeño del taller de Bruno y de otros más que enfrentan el reto de la manufactura y que preguntan cómo empezar, como seguir o como corregir lo que están haciendo.

Todo este tiempo estuve enviándoles notas y comentarios para responder a sus preguntas o para apoyarlos  en sus ideas, ahora con la esperanza de que esas experiencias sirvan para seguir haciendo de la manufactura una ventaja competitiva y no un dolor de cabeza, se las comparto.

Estimado Bruno:

No, no  importa cuántos años tengas con el taller, siempre es necesario revisar lo que se hace y mejorarlo, esa es la esencia de la mejora continua.

Y, ¿por dónde comenzar?

¿Qué te duele? ¿En donde evidentemente estas fallando»?.

Pero bueno, si todo parece estar bien y solo quieres «comenzar» tu proceso de mejora, sugiero que poniendo orden en la operación y en los procesos, ¿Que haces? ¿Cómo?  ¿Donde?  ¿Cuando? ¿Quien? ¿Cuanto? Con esa información haremos un plan de mejora.

Por ejemplo, en tu carta dices que tienes nueve supervisores en tres turnos, el número no es importante, pero ¿Tienes trabajadores que deban ser supervisados?

Si es así, debes cuestionar tu modo de trabajar, ¿No sería ideal tener solo una persona por turno que «oriente y ayude» a resolver los problemas que aparecen para que todos crezcan? No sería mejor tener un “facilitador» y trabajadores que sepan que hacer y tengan la habilidad para hacerlo?  Analizando esto ya empezamos.

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