Mejorando la gestión de riesgos en la cadena

Existen muchos puntos de vista a considerar para diseñar un adecuado modelo de gestión de riesgo para cada cadena de suministro. Los 7 consejos aquí presentados contribuyen con ideas relevantes para considerar en el diseño y mantenimiento de estos procesos.

Hablar del tema de riesgo es algo que debe ser parte del día a día de todo miembro de una cadena de suministro. Un documento publicado por la empresa Risk methods, propone una lista de verificación de 7 pasos para gestionar el riesgo dentro de una cadena de suministro, que resulta una guía diferente a lo que generalmente se publica en las publicaciones sobre del tema.

El primer paso es muy importante y se refiere a determinar el alcance de la gestión del riesgo, que puede ir desde una cobertura total, incluyendo productos, servicios y proveedores de bajo valor y bajo impacto en la operación, hasta segmentos muy específicos seleccionados por criterios como impacto en el ingreso, tecnología, especificaciones de clientes o geografías. Esta definición es relevante para dimensionar los recursos que se deben invertir y el tiempo que llevará el proceso.

En este primer paso, es también importante definir si se analizarán solo proveedores directos o se profundizará en la cadena varios niveles. Mientras más se profundice en la cadena el proceso será más complejo pero también permitirá reducir el tamaño de las exposiciones.

El segundo paso, se enfoca en definir una serie de indicadores asociados con el riesgo que pueden abarcar criterios generales como mercados, movimientos de precios, “compliance”, calidad o desempeño, así como indicadores asociados con compañías (estabilidad financiera, calidad, desempeño), ubicaciones (riesgos naturales, huelgas, problemas sociales) o de todo un país (corrupción, estabilidad política y financiera, etc.). Los diferentes enfoques no son mutuamente excluyentes y se pueden ir utilizando en forma secuenciada.

El tercer paso, se refiere a la identificación específica de los riesgos, sus procesos de monitoreo y sus señales de alerta. El sistema de alertas es esencial para poder implementar las acciones de mitigación definidas. La recolección de información asociada a los riesgos debe ser los más automatizada posible para que esta sea oportuna, relevante y confiable y permita una oportuna acción de respuesta. La analítica del “big data” es una fuente de información que debe ser considerada para este tipo de estudios.

Es en este paso donde empresas prestadoras de servicio, como la autora del artículo, pueden aportar gran valor al proceso de gestión de riesgo.

La evaluación del impacto y la criticidad debe basarse en indicadores claves como el tiempo total para recuperación, el grado en que el producto o servicio puede ser sustituido así como el tiempo requerido para cambiar a una fuente alterna.

Otros indicadores relevantes que se pueden utilizar son: el número de clientes afectados en caso de una interrupción, la complejidad técnica del producto o servicio a adquirir así como la relación entre el pronóstico de la demanda y los inventarios disponibles que pueden generar escases de producto y por lo tanto impactos negativos en el servicio.

Todos los pasos anteriores toman sentido cuando la empresa es capaz de tomar acciones oportunas y adecuadas para los eventos de riesgo identificados, ya sea de forma preventiva o como respuesta a la crisis. Como todo plan de acción, es indispensable que se tengan claros responsables asignados y se logre una coordinación adecuada entre diversas funciones, cuando la respuesta así lo demande.

La mejor forma de validar un plan de respuesta, es mediante la simulación, ya que pone en evidencia las fallas y carencias del proceso y permite hacer ajustes que garanticen su efectividad.

Como paso número 6, la empresa Risk Management recomienda que el proceso esté integrado a otros que tienen una alta exposición a situaciones que afectan su desempeño, como es el caso de los suministros, la calificación de proveedores, la gestión de commodities, las tareas asociadas con la responsabilidad social corporativa, los transporte, etc.

El último consejo, el séptimo,  se refiere al uso de herramientas de gestión de cambio para hacer de la gestión del riesgo un hábito dentro de la organización. La alta y media gerencia deben estar consciente de la importancia del tema, e este tiene que estar considerado en los objetivos de desempeño del personal clave, se debe asegurar que su gestión se mantenga alejada de cualquier sesgo personal y es necesario un reforzamiento periódico entre el personal para remarcar su trascendencia.

No es de esperarse que el futuro reduzca su incertidumbre, por el contrario, esta continuará creciendo y demandará una mayor madurez en los procesos de gestión de riesgo y un mayor compromiso de todos por su correcta planeación, monitoreo y ejecución.

 

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