Nuevos paradigmas para la 4°revolución industrial

La 4° revolución industrial está aquí y demanda nuevos paradigmas que garanticen el mejor uso de los activos de toda la cadena y la integración en armonía de las personas y las máquinas.

Cada revolución industrial ha demandado nuevos modelos de pensamiento en los negocios. La primera revolución ocurrió a finales del siglo XVIII cuando el vapor de agua se utilizó para impulsar a las máquinas y las organizaciones fueron capaces de elaborar nuevos productos y mayores cantidades. A principios del siglo XX, el uso de electricidad facilitó la producción masiva, las líneas de producción de extendieron por el mundo y se dio lugar a la administración científica en la búsqueda de maximizar la productividad. La relación entre la máquina y el hombre empezaba a crecer. Junto con la producción masiva nació la repetitividad y esto dio origen a los movimientos de administración de calidad que hoy conocemos. Cada revolución ha implicado nuevos retos para compras y la red de proveedores.

En los principios de los años 80 del siglo pasado, el uso de la electrónica y la tecnología de información permitieron automatizar la producción, lo que ocasionó que se mejorara el control de los procesos y por lo mismo los resultados. El supervisor fue desplazado del piso y algunas tareas dejaron de ser hechas por los operadores. Esto facilitó el enfoque a la reducción de costos y el intercambio de información cliente  proveedor.

Los expertos afirman que hoy vivimos en una cuarta revolución, la 4.0, en la que utilizamos sistemas que combinan el poder de procesar información de la tecnología con la inteligencia humana, lo que permite conectar, transformar y re-imaginar los procesos de transformación de productos y servicios. Las máquinas ya no solo pueden hacer tareas repetitivas, pueden analizar el entorno y adaptar los procesos. Las máquinas “piensan” y por lo tanto alcanzan una mayor independencia operativa que requiere de muy poca intervención humana. Es lo que llaman los expertos la fábrica inteligente”. Esta revolución facilita la colaboración a lo largo de la cadena y fomenta la innovación entre los socios.

Las revistas y los blogs especializados en temas de cadena de suministro se llenan de comentarios acerca de los retos y nuevos paradigmas de esta 4° revolución industrial, pero particularmente  el blog de Michael Gravier en Supply Chain Management Review llamado “The Fourth Industrial Revolution: Why the Cost Tradeoff Mentality Will Change”, me pareció interesante por su enfoque.

Debemos de aceptar que la línea divisoria entre la realidad y lo virtual está desapareciendo. La información se democratiza y facilita la colaboración. Debemos dejar de considerar en nuestras decisiones exclusivamente la forma en que usamos los activos de la organización, como sería el uso de la capacidad instalada o la rotación de los inventarios, y pensar en cómo colaborar con socios externos para satisfacer las demandas de los clientes.

La productividad interna era la variable más relevante de las tres revoluciones anteriores, principalmente de las segunda. Obtener el máximo rendimiento del capital y acumular activos era en gran medida lo que hacía fuerte a las organizaciones. Esto no funciona más en la 4° revolución.

La personalización es más relevante que la economía de escalas, el tiempo de respuesta es más importante que el tamaño de la organización. Recordemos que pasamos de “el producto correcto, en el tiempo correcto, en el lugar correcto”, a una visión de “cualquier producto, en cualquier momento, en cualquier lugar”, y esto demanda un trabajo colaborativo en redes.

Saber explorar el poder de las impresoras 3D, los drones, los vehículos autónomos, el Internet de las cosas, IoT, o el Big Data, hace la diferencia para responder a los nuevos mercados.

La construcción de los nuevos paradigmas afecta la forma en que diseñamos las redes, medimos el éxito, utilizamos la tecnología, tomamos decisiones y usamos al personal. Es una revolución mayor que la enfrentamos en la 1°, en donde una máquina desplazó a la gente y tuvimos que diseñar nuevos modelos de negocio. Ahora hay que integrar las máquinas y utilizar activos que no nos pertenecen y todo esto en tiempo real y con un cliente demandante.

Aceptemos que la nueva revolución es esencialmente colaborativa y en tiempo real, depende totalmente de nuestra capacidad de trabajar con otros y hacer el mejor uso de los activos propios y ajenos. Es una revolución que borra las líneas entre lo real y lo virtual, pero también entre lo que es nuestro o lo que pertenece a otros. La selección de los socios de negocio estará basada en nuevos elementos y el costo solo será una de tantos.

Es tal vez el mejor momento para que los profesionales en suministros demostremos que pueden ser grandes administradores de relaciones y construyamos cadenas virtuales con las cualidades que los nuevos retos demandan

 

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