¿Opaco o transparente?

Hace unos días se púbico en HBR un artículo llamado “McDonald’s and the challenges of a modern supply chain”, que nos recuerda la necesidad e importancia de la transparencia en las prácticas del negocio, y también nos hace reflexionar de las graves consecuencias que puede ocasionar un descuido o una mala decisión.

Muchos de los consumidores actuales asumen una nueva responsabilidad, la de «juez de la sostenabilidad» y requieren que las empresas sean transparentes en relación a sus prácticas de cadena de suministro. Esto demanda que las empresas muestren a la comunidad sus prácticas de negocio con clientes y proveedores a los largo de la cadena.

En general, son las prácticas con proveedores las que han representado la mayor fuente de conflictos para las organizaciones; ya que es ahí, donde más comúnmente se encuentran malas prácticas asociadas con derechos humanos, impactos al medio ambiente o calidad de los componentes. En el específico caso de McDonald’s, el daño a su imagen ha sido por ambos lados de la cadena, desde las fuertes críticas a la calidad nutricional de su menú, hasta los recientes casos del manejo y procedencia de ingredientes utilizados en su operación en China.

Si bien, los impactos económicos son grandes, las malas prácticas de negocio impactan con mayor fuerza en otros activos intangibles más valiosos de la organización: la confianza y la reputación, que generalmente son más difíciles de recobrar y pueden llevar a la empresa a la desaparición total.

En esta, a veces «enfermiza», búsqueda por la reducción del costo, puede ocurrir que los compradores olviden estas nuevas demandas del mercado. Hay que tratar de incluir en los criterios de selección de proveedores, productos e ingredientes, las posibles consecuencias sobre la imagen de la organización, cuando ésta relación comercial sea revelada a los consumidores y la comunidad en general.

El «juicio» de la sociedad, puede parecernos una intromisión exagerada sobre decisiones que en el pasado se consideraban como privadas, pero son una realidad que debemos estar acostumbrados a incluir en nuestros modelos de toma de decisión.

Como consumidores es bueno saber que tenemos derecho a conocer si lo que adquirimos cumple con principios éticos y morales básicos; como profesionales en suministro, debemos estar conscientes de esto y evitar exponer a nuestra organización a daños irreparables cuando la sociedad nos juzgue. Un pequeño ahorro mal obtenido puede ser la ruina de toda una organización.

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