Cadenas responsables

Las cadenas de suministro, en particular el área de abastecimientos tiene una gran responsabilidad con la sociedad para acelerar la transformación hacia una sociedad más amigable con el medio ambiente y con los trabajadores de las organizaciones.

El reto de nuestro tiempo no es solamente producir bienes y servicios a gran escala de forma global, sino también proteger la dignidad y seguridad de los trabajadores. Una declaración de el que era secretario general de la ONU resume muy bien los esfuerzos necesarios. “No disfrutaremos de la seguridad sin el desarrollo, no disfrutaremos del desarrollo sin la seguridad y no disfrutaremos ninguno de los dos si no respetamos los derechos humanos”

Desafortunadamente cumplir con la responsabilidad social es complejo, se utilizan herramientas como auditorías, evaluaciones de riesgo, rastreabilidad de producto, reclutamiento ético, suministros éticos o el involucramiento del trabajador, sin embargo, la efectividad de cada uno de éstos tiene ciertas limitantes.

El fenómeno es complejo ya que se requieren definir las responsabilidades de cada una de las partes en una relación cliente proveedor y la dificultad de tener una completa visibilidad de lo que ocurre en el día con día. Cuando las cadenas se tornan multinacionales, los trabajos se dispersan en tres diferentes empresas, se permite a otros hacer uso de la propiedad intelectual de la empresa y se compran insumos globalmente, la dificultad alcanza dimensiones que no son controlables por una sola organización.

Mapear la cadena ha demostrado ser una opción interesante para alcanzar mejores niveles de transparencia en las cadenas y poder coordinar esfuerzos de sostenibilidad. Formalizar la gestión del riesgo con apoyo de tecnología y terceros ha resultado ser otra gran ayuda en la tarea, pero en el fondo se requiere entender las causas raíz que generan el abuso en las relaciones laborales.

Aceptando la posición crítica de los abastecimientos en la selección y gestión de los proveedores, es un área que puede hacer mucho en el tema mediante un abastecimiento responsable que incorporan el uso de sistema de monitores y certificación de la prácticas de derechos humanos de sus proveedores.

Cuando las empresas generan políticas de responsabilidad social que abarcan a sus clientes, proveedores y colaboradores y asigna los recursos adecuados para el cumplimiento de estas políticas se refuerza el trabajo sobre los derechos de los trabajadores, sin importar si estas acciones son motivadas por requerimientos legales o como una demostración de los valores de la organización. Sin embargo, la presión que aportan las legislaciones es importante en el proceso.

Pensemos en un proveedor que es auditado por múltiples clientes actuales y potenciales y cada uno de ellos utiliza sus procesos y criterios individuales, solo pensemos en todo el tiempo invertido y el costo asociado con el proceso y que además de todo en algunos casos hay que pagar por la auditoría.

Además de la presión que los consumidores ejercen sobre las empresas, se han desarrollado movimientos dentro de ciertas industrias, como la textil en donde se promueven la mejoras prácticas laborales. Si a estas iniciativas se suma lo que los propios empleados pueden promover desde el interior, la tarea se hace un poco más ligera.

El estudio de Deloitte dimensiona el gran negocio que es el mundo de la auditoría de responsabilidad social que se estima que para el 2030 pueda llegar a los 671 millones y el mercado total de los instrumentos de verificación a unos 2.7 billones de dólares.

Una forma de reducir los costos asociados es mediante la colaboración entre competidores, la responsabilidad social es algo que tienen en común las empresas y deben atender de forma coordinada. Algunas acciones concretas en esta dirección son:

  • Estandarizar los procesos de auditoría
  • Educar a los líderes sobre la relevancia del tema
  • Crear códigos de conducta sólidos por tipo de industria
  • Crear plataformas para compartir datos de auditorías

Todas estas acciones van en la dirección adecuada de fortalecer la visibilidad punta a punta de la cadena, permite ir más allá de los proveedores Tier 1 y reducir el desperdicio de recursos, pero todo esto depende claramente de la voluntad de los propios proveedores de adecuar sus procesos a las buenas prácticas laborales que para muchos de ellos representan una ventaja competitiva en el mercado.

Sin importar el enfoque elegido, todos se alinean con el modelo Global Compact de las naciones unidas, UNGCMM, que reconoce 6 pasos:

  1. Declarar públicamente el apoyo al uso de prácticas justas
  2. Evaluación. Apoyarse en evaluaciones del riesgo auditorías en el lugar de trabajo y rastreabilidad de los productos
  3. Definición. Fijar acciones para cerrar las brechas de desempeño y aprovechar la oportunidad, todo esto con claros indicadores de desempeño
  4. Implantación. Ejecutar las acciones y monitorear el resultado, apoyarse en reacciones como afiliaciones, certificaciones, reclutamiento responsable o compras éticas.
  5. Medición. Capturar y analizar el desempeño apoyado en plataformas compartidas
  6. Comunicación. Dar a conocer el progreso de las empresas incluyendo la participación de los interesados generales y los propios trabajadores. Promover las mejores prácticas es otra forma relevante de comunicar.

Analizando otro rostro de la responsabilidad social, la relación con el medio ambiente, Kellogg Company se ha comprometido que para 2023 todo su aceite de Palma será sostenible mediante el uso de materiales certificados, crédito y balance masa. Actualmente el 15% de su aceite de palma lo obtiene mediante crédito que debe ser sustituido por aceite certificado.

Recordemos que el uso de créditos es criticado en algunas comunidades por su falta de transparencia, de hecho, el suministro de aceite de palma posiblemente nunca provenga de proveedores certificados y 100% libre de deforestación. El aceite de palma es el generador más eficiente de aceite de la naturaleza, provee el 35% el consumo de aceite vegetal con solo el 10% de la tierra, otras fuentes como la soya o el coco demanda de 4 a 10 veces la misma cantidad de tierra. Boicotear este aceite no es la solución se requieren acciones rápidas con los proveedores para asegurar su sostenibilidad.

Los retos de la sostenibilidad no solo requieren de compromiso y deseos de cambio, deben soportarse con conocimiento y acciones planeadas para maximizar sus impactos positivos.

Para mayor detalle consultar: “Responsible Supply Chain Tools: Understanding the Market Opportunity”,  publicado por Deloitte. “Kellogg removes sustainable palm oil credits in effort to improve supply chain transparency” escrito por Oliver Morrison.

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